Zulma Mastroianni Fuentes
Escritora uruguaya. Cuenta con más de 150 premios literarios,
entre ellos el premio “SATO por el Rotary Club”. Premio Destacados
Canarios” premios en Argentina, España y Australia. Siete libros editados en
nuestro país, 3 en Colombia y 8 en Estados Unidos. Participó en varias
antologías. Fue jurado en varios concursos literarios su libro infantil “La
mariposa Julieta” fue elegido por el MEC
para participar en el catálogo infantil
bilingüe, con la finalidad de ser
presentado en las ferias mundiales
infantiles a raíz de eso fue contratada en Colombia y Estados Unidos para
editar libros que están siendo vendidos en las escuelas Organiza desde hace 8 años el concurso “Armonía Somers
dedicado ante todo a los niños y para
motivar la escritura recorre las escuelas leyendo a los alumnos.
El Arca de Noé
Cuento
premiado en el concurso Serafín J García 2019
Tantos días de lluvia y lluvia; será que
tendremos que construir un arca.
Esta idea del arca la saque de un
libro muy grande y con tantos dibujos de colores que tenía la tía Rosa. La embarcación
la hizo con sus propias manos, un viejito de barba blanca que se llamaba Noé.
Sí, está en ese libro, “La
Biblia”; la tía siempre me lo leía, un libro muy interesante,
que hablaba de este asunto del fin del mundo y del Arca de Noé, y todos los
animales que metió en ella para salvarlos; era muy grande este barco. Igual, no
creo que mi padre se anime a construir uno así, antes que el agua tape todos
los campos.

Sigue lloviendo y lloviendo y estoy
segura, que se va a terminar el mundo. Eso dijo la tía Rosa antes de morir, y
sí, en realidad a ella ya se le terminó el mundo, pobre tía, se murió
“redepente” (no sé qué quiere decir) pero lo dijo papá cuando las vecinas
vinieron al velorio. Qué largos son los velorios de los finados que mueren “redepente”;
duró tres días, por las dudas que la tía reviviera; había que esperar por lo
menos hasta que empezara a sentir un olor parecido a cuando murió el caballo
del Felipe.
Yo no quiero quedarme solterona como la
tía, que nunca se casó, pero sabía mucho del amor, me dijo que si andaba con
hombres tenía que lavarme con vinagre rapidito para no quedar en cinta o tomar
un té de orégano …A la Cecilia
yo la vi hacer “todo eso”, pero igual tuvo un gurí, se armó flor de trifulca,
el viejo la echó a patadas. La pobre no
sabía de quién era el hijo; no sabía por quién decidirse, y sí tuvo varios
novios a la vez, era media tarúpida… y sí, el hijo debe ser tarúpidito,
“pobrecito”, pensar qué es mi sobrino (me agarraron ganas de conocerlo) La tía
decía que la Cecilia era medio boba, pero… “bien despachadita”; la extraño, con
ella podía hablar cosas de mujeres, con la tía también. Qué desilusionadora es
la vida.
Ahora que murió la
tía, ojalá que me toque de herencia el gran libro, total yo soy la única
interesada en él.
Sigue
lloviendo, tengo frío, estoy amoratada; la finada tenía este mismo color cuando
la encontraron, tengo miedo que me haya contagiado y me agarre esa “muerte
rara” a mí también. Con tanta lluvia estoy toda mojada y no sé cómo volver a
casa.
Si me bajo del
árbol me ahogo ¿Será el fin del mundo?; y mamá me dijo que no me puedo mojar,
porque me hice señorita, y además tengo que casarme virgen…. no sé… será que me pongan un manto
o algo así, la tía me iba a explicar… (lo de casarme virgen).
Y se le antojó
morirse, claro (para zafar el fin del mundo), pero el manto de la virgen es
celeste y yo de luto, negro sería feo, muy feo.
La tía Rosa me dijo que mamá se casó con “premio” así que “ella no hable”
dijo la tía, que por eso no tenían que echar a la Cecilia, (¿donde andará?).
Con esta lluvia si
se termina el mundo, no la voy a ver más, me da tristeza la pobre, qué culpa
tiene de ser tarada; yo voy a hacer lo que me dice el Felipe “a ver si sos más
avispada y apretás las piernas”
Ahora
estamos todas las mayorcitas vestidas de luto. Mis primas, las que siempre
jugaban conmigo, ni se me acercan, porque tengo luto y ellas no; bueno, por ahí
yo tuve la culpa, porque les cantaba: ¡tengo luto, tengo luto, yo soy grande! Bueno,
soy señorita y ellas todavía no.
Mamá me hizo un
corpiño cuando tuve mi primera regla; la tía Rosa me dijo que ahora debería
cuidarme de los hombres para no quedar preñada como la Cecilia y como mi chancha,
que quedó preñada con el chancho de Don Pascual. Seguramente serán lindos lechones,
pero papá dijo “a no encariñarse”, son para vender y comprar una máquina de
coser.
La tía me enseñó a
coser y así puedo trabajar y hacerme el ajuar, eso si consigo un infeliz para
casarme (dice el Felipe), porque después de lo que hizo mi hermana, nadie me va
a querer; ¡y ahora vestida de negro! Estoy arrepentida de haberme puesto
contenta con esto del luto y con esta porquería, que me viene todos los meses,
que tiene mal olor, y ahora no me puedo bañar, ni comer sandía, ni batir
mayonesa, ni hacer merengue, ni pasar por al lado de la huerta de melones
porque se secan, y esto del luto tiene sus contras.
En el galpón la peonada no tocaba la
guitarra y tampoco podíamos reírnos; al Felipe le pusieron una cinta negra en
el brazo y una corbata negra para ir a la escuela. Por suerte él, a la escuela,
va solo de vez en cuando, porque tiene mucho trabajo; debe cuidar que las
ovejas no se vayan a la cañada, porque las agarran los perros de Don Pascual.
Papá llevó la vaca
y tuvo un ternero, llevó la chancha y quedó de cría, no sé, si las ovejas
cruzan el alambrado, ¿Quedan preñadas o se las comen los perros?… ¿Será eso lo
que le pasó a la Cecilia?
¿Habrá cruzado el alambrado de Don Pascual?
Pero el Felipe las
cuida, es su trabajo “cuidar las ovejas” y como tiene que trabajar, y es tan
despabilado no necesita ir a la escuela.
Y sigue lloviendo, ¡mi madre! el agua se
está llevando todo; pobre la
Cecilia, ¿Tendrá dónde guarecerse con el gurí?; era linda la Cecilia,
la tía dijo que “eso la perdió”.
¡Por suerte!, dijo
Felipe, yo no corría ese peligro, que como soy tan fiera y tan chata, capaz que
zafo, que el único que puede “caer” y hasta casarse, porque es medio zonzo es
Ruperto; le dice “hola cuñado” cuando lo ve, el único. No sé qué quiere decir con esto, pero el
Felipe es muy sabio, no sé pa qué va a la escuela, va de gusto nomás; además él
no quiere ir más, porque tiene bigotes y es más alto que la maestra. Gracias a Dios, yo no tuve que ir a la
escuela porque papá piensa, que las mujeres solo necesitan aprender a cocinar,
ordeñar, lavar, coser, y ser obedientes con sus maridos, si no, se merecen unos
buenos cachetazos; mamá se ve que a veces era desobediente.
El Ruperto no
tiene cara de andar a los cachetazos; me mira con ojitos de cordero degollado
(celeste los ojitos) y yo no le doy bola para
hacerme la interesante, porque la tía decía que así se agarraban los maridos y
por el estómago, con cosas ricas; y nada de dar pruebas de amor que “pájaro que
comió voló”. El Ruperto no está nada mal, y se quiere casar, lo llama “cuñado”
al Felipe, ahora que me ha dado por pensar (total no hay otra cosa que hacer)
siento como mariposas un poco más abajo de la panza; por eso debe ser lo de
apretar las piernas, capaz que por ahí se escapan…
Sigue lloviendo; la cañada se
desbordó y el agua se está llevando todo: la chancha, las ovejas. Yo de este
árbol no me bajo.
Pobre Felipe, cuando vea que se quedó sin
ovejas… qué lo tiró, tengo frío y no veo a nadie. ¿Se irá a terminar el mundo?
¡Y si viene el viejo este del Arca de Noé, no me lleva porque cargaba solo
parejas! Qué pena, me va a agarrar la “redepente” y voy a morir virgen como la
tía; qué oportuna fue, se murió antes, para no pasar por esto tan horrible que
es el fin del mundo.

Por suerte allá está el Ruperto ¡y me
saluda!… ¿Cómo hizo para trepar a ese árbol tan grande? No es tan zonzo como
dice el Felipe, no es nada zonzo; más bien es como decía la tía (lástima que
murió “redepente”) que sabía muchos misterios del amor…. era buen muchacho y
bien despierto, y los ojitos…
—Ruperto,
Rupertooooo … Mira… El arco iris…